domingo, 30 de noviembre de 2014

APRENDER A INNOVAR: UN RETO PARA LA EDUCACIÓN ON-LINE







Innovar es una actividad clave tanto a nivel personal como a nivel social, y por supuesto para las organizaciones. Innovación supone desarrollo. Existe además una relación directa entre innovación y competitividad (Regional Innovation Scoreboard). De igual forma se puede establecer una relación entre innovación y crecimiento. Las empresas más innovadoras, a nivel mundial, tienen una previsión de crecimiento para los próximos cinco años tres veces mayor que las menos innovadoras.

El mercado y la sociedad cambian y una actitud estática no es ningún seguro de supervivencia ni de desarrollo. En la situación de crisis actual se demanda crecimiento. Es el crecimiento el que nos llevará al empleo. Pero este ansiado crecimiento, para que sea sólido y duradero, debe venir de la mano de visiones y de actitudes innovadoras, tanto en las personas como en las organizaciones. Es verdad que la innovación conlleva riesgo, pero es admitido que más riesgo supone no innovar. Entre otras razones por la propia dinámica social y tecnológica, entrelazadas ambas.

Esta visión que nos llega del mundo empresarial debe de tener impacto en el mundo de la educación. Debemos educar y formar para la integración en la sociedad del siglo XXI (no para la de otro siglo). Los que trabajamos en educación tenemos por tanto la obligación de desarrollar el talento creativo y la capacidad de innovación de nuestros alumnos y de la sociedad en general.

La capacidad de innovar parte en esencia de una apertura a la diversidad, que se concreta en una aportación de valor basada en el conocimiento. Creatividad y capacidad de innovación deben de entenderse pues como competencias clave, es decir ‘aquellas que todas las personas precisan para su realización y desarrollo personal, así como para la ciudadanía activa, la inclusión social y el empleo’

El sistema educativo, globalmente considerado, no facilita el desarrollo de la inteligencia creativa. Esto supone una debilidad pero también una oportunidad para la innovación educativa.

Recordemos que el concepto de oportunidad, directamente ligado al de innovación, tiene que ver con la detección de un hueco, de un vacío, de una carencia. Y tiene también que ver con lanzarse hacia el futuro, un sentido de proyecto, para intentar llenar ese vacío. La creatividad se encuentra en el centro del proceso de innovación.

Creatividad es salirse del marco, romper moldes, ver la realidad desde distinto ángulos y encontrar en ella nuevas posibilidades. La innovación va a añadir a la creatividad una dimensión orientada al mercado, entendiendo este término en un sentido muy amplio, como el conjunto de destinatarios de lo creado. La innovación necesita impacto social.

Aprender a innovar es pues el reto. Entendemos que aprender es una actividad que al principio se realiza a nivel consciente y que en la medida en que se va desarrollando transforma el saber (cognitivo, procedimental) en una actividad que se ejecuta en gran parte a nivel subconsciente. El aprendizaje de la creatividad y de la innovación debe de entenderse en este mismo sentido. Se trata de asimilar unos hábitos de pensamiento creativo y de hacerlo de tal manera que a la larga se conviertan en acciones naturales que se hacen ‘sin darnos cuenta’.

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